jueves, septiembre 21, 2006

Odio mi infancia.

No es que haya sido una época particularmente difícil, pero no puedo encontrar un solo recuerdo que me haga vibrar de nostalgia o emocionar al punto del acojonamiento, y que me haga desear nunca haber crecido. Tal vez mi mala memoria no sea la mejor ayuda para esta tarea. Persisten, en todo caso, imágenes poco agradables, difusas, improbables.

La primera de ellas ni siquiera sé si ocurrió realmente. La memoria es frágil, se dice. Veo un mueble de dos metros que cae sobre mí. En esta imagen me veo muy pequeño aún, de 3 o 4 años. Como he mencionado, no tengo idea si esto sucedió, pero tampoco he consultado con mis padres sobre este hecho. Extrañamente, el mueble en cuestión aún está ahí, en el pasillo de mi casa, y ha estado en los pasillos de todas las casas en que he vivido, perdiendo cada vez más brillo, volviéndose cada vez más enclenque e inestable, añejándose, astillándose. Es probable que la próxima vez que pase por el corredor, el mueble se desplome sobre mi espalda de verdad.

Me alarmo al darme cuenta que el siguiente recuerdo en mi lista podría muy bien no haber sucedido tampoco. Al menos no con la brutalidad con la que yo lo conservo. Se trata de mí, en el Kinder Garten, que vendría a ser algo así como el “jardín de infantes”. (Ignoro el por qué de la adopción del término alemán para designar este nivel de aprendizaje preescolar). Vestíamos, los niños del Kinder, delantales rojos a cuadritos. Y uno de esos niños, un compañero de curso, me ahorca contra la reja. Pero bien podría haberme inventado esta imagen a medida que crecía. Nadie lo sabe ni podría llegar a saberlo. Cuando cursé un preuniversitario, luego de terminar el colegio, me encontré con el muchacho que supuestamente me ahorcó: Eric. Él me recordaba, a pesar de no habernos visto por más de una década. Nos hicimos bastante amigos durante el solo año que tomé este preuniversitario. Como es mi costumbre, nunca le pregunté si me había ahorcado un día de clases en Kinder. De todas maneras, pasado el año aquel, no volví a verlo.

No puedo sacar conclusiones muy concretas de estos hechos. Probablemente no haya ninguna que sacar. Tal vez debería haber escrito sobre mis amores frustrados de la niñez. Ahí sí que hay buen material de enseñanza. Constanza, Laura, Natalia...

Qué desperdicio de tinta. O de bytes, según se mire.

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

"uno decide que hacer en los casos que no decide vivir. México!."

-Noé Scierto-

No quiero endiosar a Noé y hacerlo poseedor de la verdad, pero dice algo tan simple que cabe justito como llave por la cerradura del entendimiento.


con cualquier color de parte de tu amigo Melgarejo, escribe harto y transpira harto escribiendo a la fuerza, luego de tanta práctica se le sumará la combinación de Ingenio - Talento que todos esperamos.

11:52 a. m., septiembre 24, 2006  
Anonymous Anónimo said...

Como q a mi igual me pasa algo asi con algunos recuerdos. Pero además como q se me confunden, o bien se funden, con algunos recuerdos de sueños que en algun momento tuve. En mis recuerdos hay muchos hibridos, de mezcla física y onírica.
La memoria hace lo q le da la gana



en too caso hay q puro gozar

jjajaajaj

nos vemos por ahi
...en tu casa errepente

12:44 p. m., septiembre 29, 2006  
Anonymous Anónimo said...

tengo sueño y ganas de hacer pipí

5:26 p. m., septiembre 29, 2006  
Anonymous Anónimo said...

a mi me pasa todo lo contrario recuerdo mi niñez con un jolgorio que es gratificante. Realmente momentos de extasis total, con la mente fuera de toda ansiedad en un estado de flujo constante, de 9 a 12 de la noche, sin nada que perturbara mi felicidad.
mis recuerdos son de alrededor de los 3 años, en que subia al cerro en arauco, con los amigos con que me dejaban encargado, yo era algo asi como su mascota, me llevaban para todos lados. la adrenalina de hacer cosas prohibidas, correr deseperadamente, tirarse en trineo desde el cerro, en fin inventiva infantil sin limites que llenaba el alma sin saberlo, hasta que las circunstancias de la vida te mostraran la desastroza comparación...
agradezco tener ese combustible espiritual que a veces se hace perturbador cuando lo miro con la oscuridad que da la realidad actual, pero eso se despeja rapidamente y queda lo que realmente fue, vida.

7:40 p. m., septiembre 30, 2006  

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