Cuando te ves sentado solo, frente a un pc que no funciona; en una oficina de corretaje de propiedades; con un calor del infierno y un sol que te pega una hora entera en la espalda por la mañana antes de desaparecer tras el edificio continuo, te quieres suicidar. Así, con ese ánimo, hay que atender un mínimo de 80 llamados telefónicos y 20 personas diarias, que en vivo y en directo presentan su show de sufrimiento al más puro estilo "hola Eli". Entonces, te empiezas a cuestionar y tratas de comprender "cómo diablos tu vida llegó a ese estado tan morboso", (sobre todo si hace una semana atrás estabas en la playa jugando a las cartas) y la comidilla existencial comienza con un delicioso plato de cochayullo caliente, empalagoso que en algún momento tiró a ser una albóndiga de densidad aceptable (como tu nueva pega), pero se volvió igual que un bolo alimenticio gigante, babeado y regurgitado: incomible. Al tercer día de dolores de cabeza, te acuerdas de todas las veces que has sido malvado, hasta los más mínimos detalles y el "purgatorio terrenal" no suena tan descabellado. Al cuarto día, no te acuerdas que se siente sin dolor de cabeza, entonces te empieza a doler la espalda. A la semana te brota el acné de la pubertad, empiezas a cometer errores, te enfermas de gripe asiática y así tienes buenas excusas para sentirte un fracasado.Al comenzar una nueva semana, eres sólo un grito débil y desesperado intentando eludir en cámara lenta la angustia que viene volando como una bolsa sucia contra tu cara. Si no lo logras, escribes algo en algún blog.

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