LA CIENCIA DE CARLANGA[1]
Cuidado con esta afirmación, pues no es lícito hacerla así en absoluto. Lo que vio usted no es a Carlanga sino una sucesión de imágenes coloreadas que se mueven sobre un fondo estacionario. Estas imágenes, por medio de los reflejos condicionados de Pavlov, trajo a su cerebro la palabra “Carlanga”, y por eso dice usted que vio a Carlanga. Pero otras personas, mirando desde sus ventanas, o tal vez reunidas en el mismo lugar que usted, con diferentes ángulos, vieron algo diferente, debido a las leyes de perspectiva; por consiguiente, si todos vieron a Carlanga, debe haber tantos Carlangas diferentes como espectadores hay, y si hay un solo Carlanga verdadero, la vista del mismo no es permitida a nadie. Si aceptamos por un momento la verdad del hecho que nos proporciona la física, explicaremos lo que llama usted “ver a Carlanga”, con los siguientes términos: Pequeños conglomerados de luz llamados “quanta de luz”, salen disparados del sol (o de los faroles), y algunos de ellos logran llegar a una región donde existen átomos de un cierto género, que forman la cara, las manos y la vestimenta de Carlanga. Estos átomos no existen por sí mismos, sino que son sencillamente una manera compendiada de aludir a acaecimientos posibles. Algunos de los quanta luminosos, cuando chocan con los átomos de Carlanga, trastornan su economía interna. Ello es causa de que resulte su piel tostada y se produzca vitamina D. Otros son reflejados, y de éstos, algunos penetran por vuestros ojos. Allí causan una alteración complicada de los bastoncillos y los conos, que a su vez engendra una corriente a lo largo del nervio óptico. Cuando esta corriente alcanza el cerebro, produce un resultado. El resultado que produce es “ver a Carlanga”. Como es evidente por esta exposición, la conexión entre el “ver a Carlanga” y Carlanga es una conexión causal, remota e indirecta. El verdadero Carlanga, mientras tanto, permanece envuelto en el misterio; podría éste haberse encontrado pensando en lo sucia que estaba su chaqueta o en quién habrá dejado en mal lugar el vaso que acababa de voltear en el piso: estos pensamientos son Carlanga, pero ciertamente no son lo que usted ve.
Es así que, la próxima vez que afirme usted que me ha visto en determinadas circunstancias, haciendo tal o cual cosa, piénselo con calma: podría estar poniendo en entredicho el Método Científico.
[1] Extraido parcialmente de Russell, Bertrand, La perspectiva científica, Ariel, Barcelona, 1969.
Etiquetas: carlanga, ciencia, metafísica

1 Comments:
bueno, la explicación es una cosa, la relación de Carlanga con la misma es otra. Es Carlanga mismo caminando con curiosidad por los universos literarios.
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